Entrevista a François Bon

Vaya por delante que este texto es una traducción de la entrevista a François Bon aparecida en la web de Le Magazine Littéraire (voilà el original) de la mano de Clementine Baron, y que no he dudado un segundo en leer pues ahora mismo estoy enganchada a las páginas de après le livre (Seuil, sept. 2011), que reseñaré próximamente en este mismo espacio.

Para los que no lo conozcáis, François Bon lleva metido en el mundo de las tecnologías digitales desde bien temprano, de las que suponen una buena muestra su blog y web personal www.tierslivre.net, así como la cooperativa de edición digital que fundó en www.publie.net y al que además podemos seguir en Twitter vía @fbon.

Y a continuación, la traducción de la entrevista, que forma parte de una serie en la que se indaga la forma en la que los autores utilizan las redes sociales como laboratorio textual:

François Bon © DR Albin-Michel 2007

“La literatura en una construcción retrospectiva”
François Bon © DR Albin-Michel 2007

Usted es uno de los escritores franceses más «conectados», ¿cómo explica esta atracción por la vida virtual?
Fíjese en el error: en el mundo los conectados son los escritores del presente. No me atrae nada la vida virtual. Las webs y las redes sociales son una extensión de mi vida material.

¿Qué uso hace de las redes sociales? ¿Qué tipo de contenidos publica?

Uso Twitter y Facebook como todo el mundo. En cuanto al contenido, no hay ninguna premeditación o lógica al respecto que no sean 1. la vigilia y la información, 2. el placer y la amistad, 3. intercambios profesionales. Detesto la idea de comunidad en todas sus formas, eso nos llena de botones y no voy a invadir mis tuiteos con eso. Es solo un espejo que rueda al borde del camino.

¿Hace alguna distinción entre las diferentes redes? (Facebook, Twitter, Myspace, o incluso Babelio, especializado en el mundo del libro)
Solo uso las dos primeras. Por suerte, ¡llego a diferenciarlas! (Además, de esta forma: para Twitter uso Echofon Pro, que solo ocupa un pequeño espacio fuera del navegador, que también está disponible para iPhone y iPad).

¿Trata de dar algún corte literario a sus publicaciones en las redes?
La literatura es una construcción retrospectiva. Somos nosotros quienes decidimos, bastante después de que existieran, que Saint-Simon o Bossuet formaban parte de la literatura. Así, escribimos nuestra realidad desde donde escribimos, en la web, y discernir si se trata de literatura o no, no es algo que nos corresponda decidir.

¿El uso considerable que hace de las redes tiene algún reflejo concreto en su trabajo como escritor? ¿Le quita tiempo del trabajo dedicado a la escritura? Y, sobre todo, ¿influye en su estilo o en los temas que trata?
No, nada de eso, ya que últimamente no tengo ninguna actividad de «escritor» fuera de mi escritura en la web. No sé qué es eso del tiempo dedicado a la escritura, más allá del sueño, el deambular, la meditación: para lo demás, toda mi actividad lingüística está unida a mi escritorio, que ya es digital o «conectado». El tiempo de escritura web no está fuera del tiempo de escritura. Por último: quien tenga un estilo o un tema determinado fuera de la experiencia misma que es la escritura, quedaría fuera, probablemente, de la escritura misma. Sí, la forma de acometerla determina en parte los contenidos. Twitter, por su secuenciación y su inmediatez, es (también, o sobre todo)un formidable taller potencial de ficción

En general, ¿piensa que las redes sociales podrían tener un rol importante para la literatura?
La literatura se burla de nuestras opiniones, y la web también. Así que todo va bien. Desconfiad sobre todo de aquellos que tengan una idea precisa, sea positiva o negativa, sobre este tema.

¿Considera que -desde que son utilizadas como espacio de expresión y de creación- las redes sociales podrían compararse a los blogs literarios?
Es exactamente lo mismo, ambos viven en simbiosis. Se cruzan y se separan constantemente en el mismo terreno. Una web o blog desconectado de las redes sociales está muerto, y una actividad social sin lugar de base está muerto. Pero en la intersección de ambas, qué prodigio…

La influencia de los nuevos dispositivos electrónicos en el fomento de la lectura

Los documentos

Desde hoy mismo se pueden consultar las comunicaciones que se presentaron en la jornada «La influencia de los nuevos dispositivos electrónicos en el fomento de la lectura»,  en los siguientes enlaces los correspondientes pdf facilitados por la Red de Bibliotecas Obra Social Caja Madrid:


Sobre la jornada

El pasado 28 de junio tuvo lugar en La Casa Encendida una interesante jornada sobre «La influencia de los nuevos dispositivos electrónicos en el fomento de la lectura», en la que participaron profesionales de la talla de José Antonio Millán —investigador de la Fundación Francisco Giner de los Ríos— y Pura Fernández —investigadora científica del CCHS-CSIC—, que fueron los encargados de diseñar y analizar la investigación que les habían propuesto desde la Red de Bibliotecas Obra Social Caja Madrid, cuya presentación está disponible para todos los interesados —si bien es cierto que es solo un avance y que los resultados definitivos no se van a tener listos hasta septiembre—, así como algunos de los involucrados en la puesta en marcha de esta experiencia.

Aparte del proyecto de investigación, también intervinieron otros profesionales relacionados con la experiencia de la lectura en entornos digitales, como Cristina López —directora del Dpto. de Servicios de la Biblioteca de Apoyo al Aprendizaje y la Docencia de la Biblioteca de la Universitat Oberta de Catalunya—, Javier Valbuena —director del Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez— y el escritor Lorenzo Silva.

La sesión estuvo muy interesante pero, más que resumirla a partir de las notas que tomé ese día, me parece mucho más útil que consultéis vosotros mismos el contenido de la misma 😉

Los apócrifos y la literatura (II)

Si hay un autor que se caracterizó por hacer del concepto de apócrifo toda una técnica literaria, y me seduce la idea de afirmar que lo desarrolló aun como género literario, fue el maestro Jorge Luis Borges.

¿Qué puede haber más apócrifo que citar sus cuentos con referencias de autores y obras inventadas o de basar sus argumentos en textos fabulados de filósofos cuyo pensamiento llega a contradecir?

Recuerdo con especial cariño (tal vez porque en la universidad hice un trabajo de investigación al respecto) los dos cuentos en los que revive al gaucho Martín Fierro y en apenas unas pocas palabras hace y deshace lo que le viene en gana de este entrañable y temido personaje, al que humaniza y maneja como si fuera una marioneta, deshaciendo casi su identidad forjada en décadas de gloria.

El apocrifador, apocrifado

Con motivo del 25 aniversario de la muerte de Borges, la nueva propuesta narrativa de Agustín Fernández Mallo —después de que en el 2009 diera fin a su trilogía nocillera (Nocilla dream, Nocilla Experience y Nocilla Lab), que dio lugar a que se hablara de la conocida como generación Nocilla— es El hacedor (de Borges), Remake.

En este libro Fernández Mallo reescribe los cuentos del libro original, conservando los títulos de El hacedor, inspiradas en las reflexiones y emociones que le hicieron sentir estos cuentos del argentino.

Es este, por tanto, el caso de una reescritura apócrifa a modo de homenaje, un proyecto personal que el autor perseguía desde hace unos años y que le ha sido posible publicar gracias al éxito y la popularidad que consiguió con su polémica Nocilla Dream, que le ha supuesto el seguimiento entusiasta tanto de lectores a los que les encanta su estilo como de detractores extremados (aunque de eso hablaremos más adelante).

El término remake se refiere aquí más a una interpretación de los cuentos, adaptados además a la realidad contemporánea, a diferencia de los remakes cinematográficos, que en muchos casos consisten simplemente en rehacer, fotograma a fotograma, la versión primera de la película, y el caso que me parece más llamativo en este aspecto es la versión que Michael Haneke hizo recientemente de sus Funny Games, en la que prácticamente lo único que cambia son los actores del reparto.

Los apócrifos y la literatura (I)

Apócrifo: palabra de origen griego cuyo significado etimológico es ‘oscuro’.

Del Diccionario de la Real Academia, entre las acepciones que da esta palabra, destaco: ‘Fabuloso, supuesto o fingido’ y ‘Dicho de una obra, especialmente literaria: De dudosa autenticidad’.

La Wikipedia, en su artículo «Apócrifos», entra de lleno en el imaginario bíblico de la palabra:

El término apócrifo ha sido utilizado a través de los tiempos para hacer referencia a algunas colecciones de textos y de escritos religiosos sagrados surgidos y emanados en contextos judíos o cristianos, que no han sido incluidos en el canon del Tanaj judío hebreo-arameo, de la Biblia israelita Septuaginta griega, así como tampoco de ninguna de las distintas Biblias usadas por distintos grupos de cristianos.

No es hasta el octavo enlace de Google que encuentro una entrada relacionada con lo que realmente estoy buscando: la literatura apócrifa.

Continuaciones escritas por otros autores

Me remite a un artículo de Jose Antonio Millán en el que aparece el prólogo que este autor dedicó al Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Poliedro, 2005), más conocido como el Quijote apócrifo, y que fue publicado en una brillante maniobra del autor, Alonso Fernández de Avellaneda, aprovechando que Cervantes había asegurado que escribiría una segunda parte, adelantándose a su publicación, y sin ocultar su autoría, aunque sin desvelar su identidad verdadera (hay quien se atreve a afirmar que su autor no era otro que Lope de Vega).

Pero la creación de este Quijote apócrifo no supuso novedad alguna pues, como ya explica Millán en su Prólogo, era esta una práctica habitual en aquella época, en la que no faltaban continuaciones de los libros de caballerías y de otras publicaciones de éxito, como sería el caso de La hija de la Celestina, de Salas Barbadillo, títulos a los que también podríamos añadir Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro.

Más modernos son los casos de El guardián entre el centeno, de la que recientemente se publicó una continuación escrita por el sueco Fredrik Colting bajo el pseudónimo de John David California, y que aún en la actualidad no puede publicarse en los Estados Unidos ni en Canadá; y también destaca el caso de Victor Hugo, cuyos herederos emprendieron una batalla legal en el 2001 contra François Ceresa por haber escrito dos novelas continuadoras de Los miserables.

Autores a los que se les atribuyen libros que no escribieron

También existe el caso contrario, libros que fueron publicados, normalmente de forma anónima, a los que se les atribuyó la autoría de escritores reconocidos, como es el caso de Julio Verne, de quien se publicaron póstumamente diez novelas que en realidad habían escrito su hijo Michel, F. A. Audoin y André Laurie, o La mano del muerto, continuación de El conde de Montecristo, que se atribuía a Alejandro Dumas (y así ha sido publicada durante mucho tiempo) o a uno de sus negros, pero que en realidad pertenecía a un portugués, llamado Alfredo Hogan, que nada tenía que ver con Dumas ni con su taller.

Me parece emocionante ver cómo algunas obras son tan bien aceptadas por los lectores que provocan este acto, en principio contrario a la voluntad creadora, que es capaz de continuar el universo creado por otro autor, ya sea con la voluntad de lucrarse de ello lateralmente como para rendir un homenaje a un autor admirado o para satisfacer la sed del público que, pese al aparente hartazgo del mercado, los editores o el propio autor, necesita más aventuras de esos personajes con los que a menudo es fácil encariñarse.

Del librino al libraco

Hoy he recibido el boletín de novedades de febrero de Planeta y, en el repaso a los últimos títulos publicados por los diferentes sellos del grupo, me sorprendo al leer que la editorial Martínez Roca ha editado la nueva novela de Alberto Vázquez Figueroa, El mar en llamas, en un tamaño habitual de tapa dura (15,5 x 23,5 cm), pero cuyas páginas están impresas al estilo de los librinos, es decir, si tomamos el libro de la manera convencional, habría que girarlo hacia la derecha y leer de arriba abajo:

El librino

 Los librinos llegaron a España en noviembre del pasado año de la mano de la Ediciones B, que decidió importar este formato nacido en Holanda y que recibió muy buena acogida desde su salida en librerías.

Los librinos se caracterizan porque son realmente libros de bolsillo (12 x 8 cm), muy ligeros e impresos en papel biblia, aunque como la apuesta es todavía muy reciente solo se han editado en este formato seis títulos: Entrevista con el vampiro, Africanus, El psicoanalista, El círculo mágico, Invierno en Madrid y Postdata: te quiero.

El libraco

No sé a ciencia cierta si se trata de la primera novedad que deciden editar de esta manera, aunque de hecho me parece una elección bastante adecuada porque tienen aseguradas las ventas de sus lectores habituales, que probablemente tengan tantas ganas de leer un nuevo libro de Vázquez Figueroa que no les importará el formato en el que se presente., y que posiblemente hubieran mostrado más reticencias hacia este si se tratara de un libro menos esperado o de un autor desconocido.

ePub

Además, Martínez Roca también ha apostado por sacar esta novedad en formato ePub, con lo que parece que la apuesta por la edición digital por parte de Planeta va más en serio, escuchando las quejas de los lectores  que hasta ahora no podían adquirir sus copias para eReaders si no era recurriendo a las descargas ilegales.

Es evidente que todavía queda mucho camino por andar en este campo, pero al menos ya se perciben cierta acciones orientadas a facilitar la experiencia de los usuarios.

Roberto Bolaño y los inéditos

Roberto Bolaño fue un prolífico autor chileno de poesía, cuentos, ensayo y novela, cuyas obras más emblemáticas son Los detectives salvajes y 2666 —que ya cuenta incluso con una adaptación teatral, dirigida por Àlex Rigola en el 2007—, con las que ha entusiasmado por igual al público y a los críticos más exigentes, especialmente en los Estados Unidos.

Bolaño murió en el 2003 y su obra cumbre, 2666, fue publicada póstumamente en octubre del 2004. Él, que estaba gravemente enfermo, desde el año 2000 trabajó sin cesar en esta complejísima novela que había organizado en cinco libros diferentes, no solo para culminar su legado literario sino con la intención manifiesta de proporcionar una mayor rentabilidad a los herederos de sus derechos.

Desde entonces, Anagrama, su editorial en España, ha publicado sin la autorización del autor El Tercer Reich —que, según un artículo de El País,  «No satisfizo la ambición literaria del escritor que quería ser porque creaba otro distinto, como si el resultado final (que seguramente está por rematar) diese el retrato de un novelista que no quería ser: algo más convencional, algo más morbosamente lúgubre, algo menos seguro. Es una buena novela de otro Bolaño.»—, así como los títulos Entre paréntesis, El secreto del mal, La Universidad Des­conocida y, en las últimas semanas, Los sinsabores del verdadero policía, a la que califican como el germen de 2666, cuyo texto se encontraba en borradores archivados en el ordenador de Bolaño y cuya calidad, según Jorge Herralde, en declaraciones recogidas por El País, «es prodigiosa y sin lugar a dudas está a la altura de 2666».

¿Cuál es el límite?

El pasado sábado Héctor Sanzbritz y yo, a raíz de esta última aparición, estuvimos reflexionando acerca de cuál es el límite en el que un editor puede jugar con la obra inédita de un autor ya fallecido, en particular en el caso de escritores tan conscientes de su obra como era Roberto Bolaño.

Por un lado, es cierto que la publicación de obras póstumas nos ha permitido conocer obras muy importantes en la literatura como la Eneida —si nos atenemos a la leyenda según la cual Virgilio encargó quemar, en su lecho de muerte, y que de forma tan bella narra Hermann Broch en La muerte de Virgilio—, la mayoría de la profucción de Franz Kafka, que también había pedido que se destruyera todo aquello que no había publicado en vida, o la poesía de Cavafis.

Virgilio leyendo la Eneida a Octavia y Augusto, de Julian de Parme

Por otro, no teníamos claro hasta qué punto es legítimo contrariar la voluntad de un creador respecto de su obra, y en particular cuando se trata de documentos como borradores, diarios, correspondencia privada, etc., cuyo conocimiento sin duda nos apasiona como lectores, pero que no deja de ser una violación de su intimidad.

Nosotros llegamos a la conclusión, tal vez caprichosa y parcial, de que se debería publicar toda la obra inédita que no deforme el universo personal al que el autor decidió dar vida, con el que al mismo tiempo se configuraba como un personaje más, dependiente de su obra, pero no deja de reconcomernos las consecuencias que esta decisión tendría en la visión general del arte literario y los complejos mecanismos que lo sustentan.

Préstamo legal de libros digitales

Hoy quiero compartir con vosotros el estupendo artículo sobre EbookFling, una plataforma de préstamo de libros digitales entre usuarios de los dispositivos Kindle de Amazon y Nook de Barnes and Nobles, que ha publicado el blog de Comunicación cultural, dedicado al impacto de las nuevas tecnologías en el sector cultural.

En dicho artículo, además de explicar la iniciativa y el funcionamiento de EbookFling, concluyen que es una excelente herramienta para atraer a nuevos lectores dispuestos a comprar libros (en papel o digitales), pues «el préstamo de un libro puede suponer el descubrimiento de un nuevo autor por parte de un lector, y, por tanto, un futuro lector asiduo de dicho autor o autores».

Yo creo que además de este factor fundamental, pues hasta los lectores más frenéticos hemos tenido nuestras rachas de no leer nada en absoluto, debido a que los últimos libros no nos habían satisfecho demasiado y nos habían dejado poco ánimo adentrarnos en otros textos, hay que tener en cuenta la ventaja de que los usuarios nos acostumbremos a usar plataformas legales de intercambio gratuito de libros, en vez de recurrir a páginas y programas de descargas ilegales, será mucho más fácil que cuando queramos adquirir un libro recurramos a usar el mismo canal (ya sea desde Amazon, Barnes and Nobles, etc.) y se perciba como algo natural, con menos obstáculos de lo que a priori pudiera parecer.

Por esto mismo, es tan importante que en España se optimicen los canales de venta de libros digitales, pues el camino que hay que seguir en la actualidad para terminar con éxito la transacción es bastante tortuoso, lo que suele acabar en dejar la transacción inacabada (también en buscar el libro en versión pirata) y tomar la determinación de no volver a intentarlo.